Los seres humanos nos manejamos habitualmente con supuestos que nos ayudan a entender lo que nos rodea. Aún así, está en nuestras manos revisarlos crítica y continuamente.
Resulta muy peligroso naturalizar los supuestos de imposibilidad, aunque sea como una especie de suerte de publicidad subliminal, es un riesgo que los mensajes queden en nuestras mentes grabados como slogans de comentarios de pasillos de escuelas.
-Dejá. Lo hago yo.
-Siempre lo mismo con vos.
-Siempre le costó.
La confianza es la base del triángulo didáctico del que nos hartamos de hablar. Sin confianza no puede haber aprendizajes reales. Sin confianza no hay relación verdadera.