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Con los pies sobre la tierra

¿Cuántas veces escuchaste esta frase?

“Con los pies sobre la tierra” tiene que ver con no volarse, no olvidarse de la realidad (a veces dura) que nos rodea.

Es fundamental, cuando acompañamos a personas, tener claro y presente su realidad, y la nuestra. Qué recursos tenemos (nunca ilimitados), qué podemos y qué no. La realidad nos interpela para decirnos lo que es posible, y lo que sólo son sueños sin un verdadero anclaje.

Pero… ¿sólo eso? ¿sólo los límites tenemos que tener presentes? Creemos que esta frase puede tener una profundidad insospechada. Por que no es tan habitual que te digan que pongas los pies en la vereda, o en el asfalto. No. Son sobre la tierra. 

La tierra es fuente de nutrición, de fertilidad, de armonía, de contacto con los orígenes. En la tierra están las raíces, están los nutrientes y el agua, están las semillas prontas a desplegar su potencial en la naturaleza. En la tierra también está aquello que se murió pero que quiere convertirse en vida nuevamente, nutriendo la vida nueva.

La tierra ha sido mirada con ojos de divinidad por las civilizaciones más antiguas. Gea en la mitología griega es la personificación de la madre tierra, es el origen de todas las razas divinas y quien poseía los secretos de los Destinos. Más cercana y cotidiana, la Pachamama es la diosa madre suprema y proveedora en los pueblos originarios de Sudamérica, que engendra la vida y la protege. En ambos casos, es la divinidad que está en el origen y desde el origen. Quien da vida, bendice, y ante quien, en algún punto, se rinden cuentas. 

Quizás, tener los pies en la tierra significa no perder el contacto con nuestros orígenes, con nuestras raíces. Y en este sentido, con el agradecimiento profundo hacia aquellos que nos nutren, que nos alimentan en el cuerpo y en el alma. 

Tener los pies sobre la tierra significa contactarse profundamente con todo aquello que está en nuestra naturaleza y en la del otro, hacernos conscientes de todo aquello que podemos dar, que podemos ayudar a crecer, como un buen jardinero. Significa que todo puede volver a brotar, aún después del gélido invierno. También que los procesos tienen su tiempo. Tiempo que no podemos apurar o explotar, sino respetar y comprender.

La frase termina con “los ojos en el cielo”, para no perder de vista lo alto que podemos llegar. Sacar la vista de la tierra, sin dejar de tocarla, amplía nuestra mirada hacia las posibilidades. Pero también, para no perder de vista la esperanza y la gratitud. Porque no todo depende de nosotros. Y… está bueno que eso sea así.

4 comentarios en «Con los pies sobre la tierra»

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