El post de hoy está dedicado a nuestro buen amigo Francisco, con quien intercambiamos algunas ideas hace poco.
No todo error ni todo fracaso tiene el mismo peso. Los hay más “trágicos” y los hay más anecdóticos. De la misma forma, no hay inversión sin riesgo, pero no todas las inversiones son igualmente seguras. Cuando de inversiones financieras se trata, aquellas que pueden traer un mayor margen de ganancia, son por lo general las más riesgosas. Pero, ¿qué implica ese riesgo? Implica que si algo sale mal, la pérdida es elevada.
Con los errores, podemos pensar lo mismo. Y aquí, se nos ocurren dos cuestiones para analizar.
Por un lado, todo error tiene un costo. Hay algo que en ese proceso, “pierdo”. Al menos, el tiempo que invertí en esa actividad o decisión. Por supuesto, que no todo implica la misma pérdida. Incluso si “sólo” pierdo tiempo, depende la urgencia o el problema que quiero resolver, cuán valiosa e “irreparable” es la pérdida. A veces lo que pierdo es la confianza del otro. A veces, la mía propia. A veces, una oportunidad de mostrar algo. Y así podríamos seguir…
La otra consideración pasa por el hecho de que el error implique un aprendizaje. ¿Siempre? Bueno… no, no siempre. No vamos a quedarnos en una visión romántica acá. El fracaso per se no es lo valioso, sino el poder apalancarse en él para poder crecer y aprender. A veces, la pérdida es tan elevada que nos imposibilita ese crecimiento posterior. A veces, el riesgo es tan alto que no queremos ni siquiera animarnos.
Esto es válido y genuino. La reflexión sobre esto es importante. Por un lado, en momentos formativos y en momentos exploratorios, de investigación, podemos diseñar contextos en donde los riesgos sean “controlados”. Pero por otro lado, no siempre esas pérdidas son concretas y objetivas. Entonces ¿qué le implica a este estudiante mío, a este docente, a este colaborador, a mi hijo… equivocarse? Tal vez, uno puede pensar “no es para tanto”, o “cayendo aprendemos a caminar”. Pero la realidad es que tal vez al otro que tengo delante ese error puede costarle mucho subjetivamente.
Aquí también traemos el concepto de resiliencia (profundizaremos en esto en algún otro post), que es un factor que nos ayuda a poder sobreponernos a las dificultades y experiencias negativas, y salir fortalecidos de las mismas. No todos somos igualmente resilientes, pero podemos desarrollarlo.
Entonces, no nacemos sabiendo, ni nacemos sabiendo fracasar… Eso también hay que aprenderlo. Aprender a recuperarse, aprender a apalancarse en los errores, aprender a medir los riesgos antes de que ocurran.
¿Estamos enseñando esto? ¿Lo estamos aprendiendo? ¿Hablamos sobre qué pasará si las cosas no salen? ¿O, simplemente, lo negamos románticamente porque todo error es aprendizaje o porque no hay posibilidad de errar…?
Podemos seguir escribiendo mucho más sobre esto. Pero hoy, cerramos acá y les dejamos estas preguntas para pensar y, si quieren, compartir sus reflexiones.
Creo que lo mas trágico del fracaso es aprender la lección equivocada.****brrrr**** escalofríos
Es cierto, es un riesgo. A veces, las personas que nos rodean pueden funcionar como brújulas… Pero sin duda, es un riesgo…
Gracias!!!
Un temon …
No soy docente ( me niego a serlo ) . Pero debería haber un dia en la semana para tratar ese tema …
Si alguien me hubiera dicho , lo que me dijeron hace 8 meses , mi vida hubiera o hubiese sido otra .
El dolor es perte del crecimiento y del saber. Pero entender que…. deberia ser una herramienta.
Un temon !!!
Es fundamental, para que genere un aprendizaje, hablarlo, aceptarlo, trabajar explícitamente en ello. Muchas gracias por compartir esto!