Poder hacer algo no es suficiente para hacerlo. Ser capaz, o ser competente, no es suficiente. Es necesario querer hacerlo, decidirlo, elegirlo.
Por eso, no basta que alguien tenga las capacidades necesarias para aprender, ni tampoco brindarle materiales buenos, de calidad, o saber mucho y transmitirlo.
La semana pasada leíamos que Perkins hablaba de oportunidades pero también de motivación suficiente, interna y externa. Para eso, es importante aprender sobre la naturaleza humana, qué es lo que nos motiva y en qué medida. Y también, conocer las individualidades de aquellos a quienes queremos llegar.
En gran medida, esto es un trabajo artesanal de liderazgo. Las motivaciones externas sirven, aunque a corto plazo y de una manera un tanto superficial. Cuando vamos profundizamos, llegamos a las motivaciones más fuertes, la pertenencia, la sensación de “poder” hacer y elegir, los desafíos (genuinos y alcanzables).
Y terminaremos hallando que lo que más nos mueve, es la necesidad de sentirnos amados, de sentirnos humanos entre humanos, y de trascender el aquí y ahora.
Esto sirve para lograr influencia en los demás, aunque también es importante para desarrollar el liderazgo personal. Este momento del año (final e inicio, todo un poco mezclado) es muy propicio para repensar esto.
¿Qué me mueve hoy? ¿Cuál es la motivación que sostiene lo que estoy haciendo y aprendiendo? ¿Estoy satisfecho/a o motivado/a? ¿En dónde está mi corazón?